domingo, 29 de noviembre de 2015

Los reyes del Ponto




Entre los siglos III y I antes de Cristo el reino del Ponto ocupó un territorio al sur y este del mar Negro, pero en ocasiones se extendió hacia Bitinia, Capadocia e incluso Tracia. Sus reyes tenían un origen persa, pero el reino –y la propia corte- fue helenizada por las colonias griegas a las orillas del mar Negro: las colonias colonizan culturalmente a la metrópoli, cabría decir. En la corte la helenización se dio porque algunos reyes pónticos se casaron con griegas, en ocasiones de la estirpe macedonia de Alejandro Magno.

El mayor grado de influencia de lo helénico, según Luis Ballesteros (1), se dio en época de Mitrídates VI Eupátor, con capital en Sinope, en el centro de la costa norte de Anatolia, saliendo en una pequeña península hacia el mar. En época de Jenofonte (siglos V-IV a. de C.) era ciudad importante pero más tarde fue incorporada al imperio persa de los Aqueménidas. De todas formas, en el siglo II la corte ya se encontraba organizada según el modelo helenístico de los sucesores de Alejandro.

Ha sido Estrabón, como en tantas ocasiones, el que nos ha dejado testimonio del Ponto, pues era natural de Amasya, no lejos de Sinope pero en el interior de Anatolia, que estando a gran altura, aún así necesitó ser fortificada en la antigüedad. No es extraño que Estrabón, ya en el siglo I a. de C., hubiese asimilado por completo la cultura griega. Por su parte, los reyes pónticos estaban orgullosos de compartir el origen persa y la cultura griega.

Los reyes del Ponto se sucedían hereditariamente según la voluntad del que reinase en cada momento, eligiendo generalmente al mayor de sus hijos legítimos, contrariamente a lo que ocurría en Capadocia, donde la nobleza debía aceptar la elección del sucesor. Entre los reyes del Ponto existió la costumbre –aunque no en todos los casos- de casarse con hermanas, a fin de afianzar aún más la legitimidad del heredero. En ocasiones se asociaba al poder al heredero: Antíoco III sucedió a su hermano Seleuco III cuando este fue asesinado, pero ya era gobernador de algunas satrapías. Algo parecido ocurrió con los Ptolomeos respecto a Chipre y Cirenaica, según señala Luis Ballesteros, y en general la asociación al trono del heredero fue común en los reinos helenísticos. El hecho de que la mayoría de los reyes pónticos se llamasen Mitrídates no tiene nada que ver con el culto a Mitra, pues no parece haya aumentado durante sus mandatos, todo ello si exceptuamos el caso de Farnaces II, que lucharía contra César en el siglo I antes de Cristo.

Los herederos asociados al trono cumplían una función militar: la ciudad costera de Amastris, en la costa norte de Anatolia, al oeste de Sinope, fue conquistada por Ariobarzanes, hijo de Mitrídates I, y otros príncipes herederos lucharon al frente de ejércitos contra Roma o fueron gobernadores de algunos territorios sobre los que el Ponto ejercía influencia (Capadocia). Cuando Mitrídates Eupátor (VI) llegó a un momento avanzado de su reinado (88 a. de  C.) trasladó su capital a Pérgamo, otra muestra de helenización creciente; Arcatias, más adelante, fue encargado de incorporar Tracia al dominio póntico. Tras la muerte de Mitrídates en el año 83 a. de C. el Bósforo fue asignado a Macares, uno de los hijos del rey.

Más de dos siglos de dinastía heleno-persa permitieron que el Ponto se helenizase hasta la Cólquide, manteniendo dicho estado continuos enfrentamientos con los reinos helenísticos, con Capadocia y Bitinia, más tarde con Roma, hasta que esta incorporó el reino a sus dominios.

Fuente: Ballesteros Pastor, Luis; “El reino del Ponto”, 2005.

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